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24 de marzo 1976-2006. La memoria contra el horror

 

24 DE MARZO (1976-2006): LA MEMORIA PROFUNDA SUPERA LOS SUCESOS

Estos días el discurso general en la sociedad y en los medios viene evocando las terribles horas que presagiaban el golpe militar que habría de convertirse en el más criminal de nuestra historia en resultados humanos y materiales.

Resulta asombroso que la "teoría de los dos demonios", por la que se pretendió equiparar a genocidas y revolucionarios, que instaló Alfonsín, se haya relegado hoy en la extrema derecha del diario La Nación de los Mitre (ver editorial del domingo 19 de marzo de 2006) y que la condena ética, política y económica al terrorismo de estado sea política estatal. Sin entrar en el debate sobre méritos o deméritos del Gobierno de Kirchner esta política de estado supera las expectativas que razonablemente albergamos en 1983. El contexto de la sociedad ha logrado a su vez imprimir, con la fuerza de la legitimidad, la condena a todo acto, así sea remotamente golpista o amenazante. Sólo así se explica la "infidencia" que filtró el cuidadoso SIN (servicio de inteligencia naval) y el alerta social que beneficiosamente generó el episodio de los espías, a modo de vacuna, en el cuerpo social.

No excuso con este reconocimiento la deuda social que tiene pendiente el estado y, en estos tiempos el gobierno de Kirchner. No se pueden ignorar los abusos de la policía de Santa Cruz al detener a sospechosos del asesinato del policía Sayago, a pesar de la tardía autocrítica presidencial. Tampoco la enorme brecha social entre pobres y ricos que crece casi en la misma proporción que el PBI: tercer país de crecimiento en el mundo. También debe reconocerse que, en la región, nuestros pueblos avanzan aunque de modo desigual y complejo hacia nuevas formas de construcción social y política de oposición creciente a la dominación imperial, tanto norteamericana como europea. Cierto es que coexisten balbuceantes pasos de construcción de un nuevo poder popular en Venezuela, Ecuador y Bolivia.

Aires nuevos promete la socialista Bachelet en Chile y, aunque todavía contradictoria y confusa la situación en Perú, Brasil y Uruguay hay detrás pueblos que no estarán dispuestos a evaporar fácilmente sus expectativas. Todos estos auspicios coexisten con las peores prácticas políticas, con corrupción y represión, con marginalidad y exclusión social: un balance provisorio nos permite vislumbrar esperanzadores progresos sociales.

Pero nuestro objetivo a 30 AÑOS DEL GOLPE MILITAR GENOCIDA es evocar los valores predominantes en la sociedad en las décadas 60-70, principios éticos y espirituales que las dictaduras y el neo-liberalismo barrieron con efectividad hasta el presente.

A menudo escuchamos decir "NO ENTIENDO NADA DE POLÍTICA" o "LA VERDAD DE UNO TERMINA DONDE EMPIEZA LA VERDAD DEL OTRO". Cabe preguntarse si tener presente el Holocausto del pueblo judío, las víctimas de Hiroshima y Nagasaki, los civiles asesinados en Irak y en las diversas invasiones imperiales a pueblos indefensos o condenar a la dictadura militar que nos asoló entre 1976 y 1983 es atributo sólo de cientistas políticos, expertos o militantes. No hay dudas que sufrir como propias y condenar esas tragedias humanas no requiere "conocimientos" especiales sino la conciencia de pertenecer al género humano, tomar esos atropellos a la condición humana en su conjunto, sufrirlas porque uno mismo es víctima de esas atrocidades por el solo hecho de pertenecer a la especie: no hay excusas para silenciar la condena a aquellos hechos que han ascendido a crímenes contra toda la humanidad.

La construcción de la verdad en estos tiempos probablemente requiera mayor esfuerzo: la complejidad del mundo dificulta esa necesidad de la cultura y de la vida. La diversidad y la pluralidad enriquecen el porvenir. Pero bajo el pretexto de esa amplitud no es legítimo que nos impongan un relativismo de valores por el que se equiparan ideas y actitudes humanísticas diversas, todas ellas respetables, con la falta de todo principio, la banalización de los grandes problemas humanos, el egocentrismo basado en la cultura del confort, la más absoluta deculturización y la falta de todo compromiso con la sociedad y la historia, el éxito fácil y el dinero como parámetro único de valor, el consumismo desenfrenado de bienes suntuarios, la deliberada insensibilidad por los pobres y excluidos, la discriminación social, disvalores todos que no sólo anidan en las clases dominantes sino en amplios sectores medios embrutecidos por el menemato: LA OBTENCIÓN DE BENEFICIOS AL MENOR SACRIFICIO POSIBLE.

Frente a esta realidad que nos ofende y que no es producto de una libre elección sino del avasallamiento de la "cultura" que sembró la dictadura, primero y el neo liberalismo, luego, hoy rendimos homenaje a otros desaparecidos, a los que ocupaban el corazón de las amplias mayorías: LA SOLIDARIDAD ACTIVA Y CONSCIENTE, EL SACRIFICIO Y EL TRABAJO ABNEGADO, EL DESINTERÉS, LA ENTREGA AL PRÓJIMO SIN ESPERAR RETRIBUCIÓN, EL ESFUERZO INDIVIDUAL Y COLECTIVO POR LA CULTURA, CIERTA AUSTERIDAD CON LO SUPERFLUO, EL APASIONAMIENTO DE LAS IDEAS Y DE LA PRÁCTICA, EL GENERALIZADO RESPETO A LA CONDICIÓN HUMANA, EL COMPROMISO CON LAS TRAGEDIAS DE TODOS LOS TIEMPOS Y DE TODAS PARTES DEL MUNDO.

El deber es transformar el "sentido común" dominante por el que se victimiza a la víctima, el desempleado es culpable individual de su miseria, el abuso de los empleadores debe tolerarse en nombre de la "responsabilidad" de conservar el trabajo, la "neutralidad" de valores debe imperar callando así los principios superiores que hacen digna la vida humana para procurar el beneficio inmediato, la solidaridad es una actitud descalificada: se nos trató de imponer que la vida empieza y termina en el estrecho margen de la estolidez individual.

El viernes 24 de marzo de 2006 recordemos también y comencemos a recuperar esa responsabilidad social e histórica por la que desaparecieron 30.000 compatriotas. Demostremos a la humanidad que no lograron destruir la generación que comprometió con sus ideas, su práctica y su vida en la construcción de un hombre nuevo, convencidos que se puede alcanzar la dignidad que todo ser humano merece, destino por el que debemos luchar todos y cada uno de nuestros días.

RAÚL A. SCHNABEL

Por lobitogabriel - 23 de Marzo, 2006, 16:14, Categoría: lecturas
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